Una fuga para gloria de Dios
Publicado el 16 May 2023

Habiba* es una cristiana que vive en Burkina Faso. Un domingo de 2017, Habiba estaba en casa cuando su familia oyó ruidos de motos y disparos que se acercaban. Militantes extremistas islámicos vestían uniformes militares, engañando a los lugareños. «Nos llevaron a la iglesia, donde querían quemarnos vivos. Pero prefirieron secuestrarnos». La joven, su madre, Minata*, y su hermana pequeña fueron tomadas como prisioneras junto con otras mujeres. En aquel momento, Habiba sólo tenía 13 años.
Algunas mujeres fueron asesinadas y el resto separadas en grupos. A Habiba la separaron de su madre y su hermana: «Yo sólo esperaba la muerte. Estaba aterrorizada», dice. A pesar de todo, se aferró a Dios. «Todos los hombres eran musulmanes, así que mataban a cualquiera que sorprendieran orando o cantando. Nos obligaban a decir oraciones musulmanas y a leer el Corán. No podíamos negarnos porque siempre estábamos rodeadas de armas», explica.
En los tres años que pasaron allí, las forzaron a convertirse al Islam, sufrieron abusos físicos a diario y fueron testigos de los actos de violencia más terribles. «A la nieta del pastor y a mí nos obligaron a casarnos con militantes. Yo tenía 13 años y ella sólo 11. Nos violaron sexualmente«, cuenta. A pesar de sentirse sola y desesperanzada, Dios no la había abandonado.
Consecuencias del trauma
Un día, una mujer le dijo a Minata que había visto a Habiba. Así que Minata siguió en secreto a la mujer y encontró a Habiba. Juntas, Minata y sus dos hijas consiguieron escapar con la ayuda de Dios. «Si nos encontraban, nos matarían, pero confiábamos en que Dios nos ayudaría a llegar a casa a salvo y su nombre sería glorificado», dijo Minata.
«Nos fuimos mientras todos dormían. Por la noche caminábamos y durante el día nos escondíamos. Al cabo de cinco días, llegamos a Deou, donde tomamos una camioneta que nos llevó a Uagadugú. No podíamos creerlo. Nunca pensamos que volveríamos a casa a salvo», dice Habiba.
Han pasado más de dos años desde que ella, su madre, Minata, y su hermana consiguieron escapar, pero Habiba sigue sufriendo por los abusos a los que se enfrentó. Puertas Abiertas, con el apoyo de las iglesias locales, les proporciona asistencia a ella y a su familia. «Las imágenes siguen viniendo a mi mente. A veces tengo pesadillas y no puedo dormir. Sueño que sigo allí y que me persiguen, que intentan matarme. No he olvidado lo que pasó y no creo que lo olvide nunca. Cuando oí que habían atacado un pueblo cercano, me asusté mucho y quise huir. Cada vez que oigo un disparo, vuelven los recuerdos. No es fácil olvidar», explica. Pero gracias a tu ayuda, Puertas Abiertas puede acompañar a estos hermanos y hermanas y a muchos otros para llevarles cura, ayudarlos a ver a Dios obrando en sus vidas y ofrecerles ayuda para sus necesidades inmediatas.
*Nombres alterados por seguridad.
Atención postraumática y artículos de supervivencia
Cristianos del África subsahariana son víctimas de diversas formas de violencia sólo por su fe en Jesús. Como consecuencia, muchos se ven obligados a abandonar su hogar y su ciudad. Tu donación proporciona atención postraumática y artículos de supervivencia como alimentos, ropa, mantas, pañales, primeros auxilios y ayuda médica.
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