Un ejemplo de fe en medio de la Guerra de Corea
Publicado el 10 Sep 2025

La familia de Hea-Woo (pseudónimo) vivía en una ciudad en la costa de Corea del Norte cuando la Guerra de Corea comenzó en 1950. “Yo tenía solo cinco años, pero aún recuerdo muy bien ese día. Nuestra familia no podía huir porque mi madre tenía malaria en estado grave”, cuenta Hea-Woo.
Cuando la gran mayoría de los vecinos ya se había refugiado, los soldados llegaron y forzaron a todos a migrar hacia el Norte. “Nos escondíamos de día y caminábamos de noche. Mi hermano tenía apenas un año de edad, así que mi madre lo cargaba. Mis pies llegaron a sangrar con las largas caminatas”.
Hasta los soldados se compadecieron de la pequeña Hea-Woo y la llevaron en sus espaldas. Aun así, el hambre y el terror eran constantes. Las sirenas alertaban sobre ataques aéreos, y el grupo casi fue alcanzado por un bombardeo en una aldea.
Mientras las bombas sacudían la tierra, Hea-Woo escuchaba otro sonido: las oraciones en susurros de su madre. “Ella se despertaba a la misma hora todas las noches, susurrando y llorando. En ese tiempo, yo pensaba que era por causa de su enfermedad, pero después de que me hice cristiana, entendí que ella estaba orando”.
La madre de Hea-Woo rara vez usaba un lenguaje cristiano para evitar problemas, diciendo cosas como: “Los cielos conocen los pensamientos y los corazones de las personas, por eso debemos ser amables con los demás”. Aun así, el ejemplo de fe de esa mujer era inconfundible. Cocinaba para los vecinos mayores, buscaba medicinas para los enfermos e incluso adoptó a un adolescente huérfano de guerra.
Conociendo la persecución
En su nuevo hogar, Hea-Woo conoció la persecución de cerca. Una noche, un vecino fue llevado por la policía, acusado de “creer en supersticiones”, un código para referirse a la fe cristiana. El abuelo de Hea-Woo, que era pastor, fue martirizado.
En la fase final de la guerra, en 1953, la abuela china de Hea-Woo cruzó la frontera para rescatar a los nietos. “Mi madre puso un dulce en mis manos y se despidió. Yo miraba hacia atrás, llorando y diciendo: ‘Mamá, tú también tienes que venir’”, cuenta Hea-Woo. Por razones que ella aún desconoce, su madre no tuvo autorización para cruzar la frontera hacia China.
Hea-Woo y su hermano vivieron algunos años en China, hasta que el gobierno comenzó a repatriar a los refugiados en 1958. Ellos encontraron un país devastado por la guerra y con una represión aún mayor contra el cristianismo.
La madre de Hea-Woo murió de cáncer de estómago a inicios de los años 1990, poco antes de una crisis de hambre en el país. “Incluso eso fue gracia de Dios. Mi madre fue librada de ese horror”.
Parte del mismo cuerpo
Hoy, las oraciones de Hea-Woo son las mismas que las de su madre. “Oro para que el régimen caiga y que haya una reunificación del país basada en el evangelio. Quiero que las iglesias secretas se reúnan libremente”, dice Hea-Woo.
Hoy, 75 años después de la guerra que marcó la vida de millones de coreanos, Corea del Norte y Corea del Sur aún permanecen divididas. El testimonio de Hea-Woo nos muestra que el Reino de Dios no puede ser limitado por fronteras, alambres o ideologías. “Los cielos conocen los pensamientos y los corazones de las personas, por eso debemos ser amables con los demás”. La madre de Hea-Woo vivió esa verdad, y nosotros también podemos vivirla.
Ayuda a cristianos como Hea-Woo
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Pedidos de oración
- Intercede por la reunificación de Corea y para que la paz de Cristo reine sobre todos.
- Ora por valentía, protección y libertad para la iglesia secreta norcoreana.
- Clama por nuevos líderes cristianos que amen a Dios sobre todas las cosas y hagan la diferencia en el contexto actual de la persecución.

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