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El Poder de la Oración en Corea del Norte

La madre de Hannah era una cristiana secreta en Corea del Norte
Hannah sabía poco sobre la fe de su madre, a medida que creció, aprendió una oración

Hannah, es la hija de una cristiana secreta en Corea del Norte y comparte su historia, cuenta que a pesar de los peligros, su madre oraba todos los días, a veces abiertamente. Incluso en su lecho de muerte, ella les dijo que siempre sean agradecidos con Dios y oren. «La vida es un problema», dijo su madre. Por lo que «Si hay problemas, debes orar». La madre de Hannah era una cristiana secreta en Corea del Norte.

Hannah relata, mi madre nunca nos explicó cómo orar. Lo único que podíamos entender era: «¡Hananim! ¡Hananim! ¡Señor! ¡Señor! Ayúdanos» no podíamos entender sus frases, porque hablaba muy rápido.Orar era tan importante para mi madre, que incluso se lavaba el cabello y se ponía su ropa más bonita. «Debemos acercamos a Dios con la más profunda reverencia»,decía.

Debido a las oraciones de mi madre, nunca fui tan adoctrinada por la ideología dominante como otros norcoreanos, especialmente después de que ella me confesó cómo nací. Mi madre no podía concebir, pero alguien le dijo que, si oraba a Jesús, tendría un bebé. Así que oró. Durante casi ocho años oró. Entonces, yo nací. Mi madre nunca me explicó el evangelio completo, pero cuando me casé a los 20 años, mi madre compartió esta historia conmigo. Sabía que era un don de fe. También supe que la vida era dura. Tuve seis hijos, pero dos de ellos murieron.

«Si hay problemas, debes orar»

Todavía tengo tres hijas y un hijo. Mi esposo trabajaba en una fábrica, pero la economía colapsó y nohubo más trabajo. Tenía todo tipo de trabajos, en la fábrica, pero también vendía cosas en el mercado negro. A veces llevaba carne pesada y congeladapor las montañas, para poder venderla más tardeen el mercado negro.

No pudimos vivir en Corea del Norte. Después de que mi madre murió, mis hijas mayores fueron las primeras en decidir huir a China. Es ilegal salir de Corea del Norte, pero sobrevivir en el país, fue tan difícil que valió la pena correr el riesgo.

Mis hijas fueron traicionadas. Tenían que reunirse con un pariente de mi esposo, pero fueron vendidos en matrimonio a agricultores chinos pobres. Afortunadamente, fueron vendidas a familias en el mismo pueblo ypudieron mantener contacto entre sí.

Cuando no tuvimos notícias de ellas, mi esposo decidió ir a buscarlas. Mi esposo no regresó, así que un año después, también hice el viaje ilegal a China. Al princípio, no pude localizar a mi esposo. Trabajé en una granja china como sirvienta, pero no recibí dinero. Había perdido todo lo que era querido para mí. Oré a Dios con las únicas palabras que conocía: «¡Hananim, Hananim! ¡Señor, Señor! ¡ Ayúdame!»

Es ilegal salir de Corea del Norte, pero tratar vivir en el país fue tan difícil que valió la pena correr el riesgo

Finalmente, encontré a mi esposo, pero mis hijas seguían desaparecidas. Mi marido decidió regresar a Corea del Norte y traer de vuelta a nuestros dos hijos restantes, que se quedaron con la familia. Lo consiguió. De alguna manera, mi esposo también pudo obtener información sobre nuestras dos hijas mayores. Dijo que trataria de encontrarlas. ¡Y lo hizo! Unas semanas más tarde, toda nuestra familia se reunió en China.

El pariente de mi esposo nos llevó a la iglesia y aquí es donde escuchamos por primera vez el evangelio. Habíamos visto la fe en la vida de mi madre, pero ahora la entendíamos. Todos nosotros aceptamos a Jesucristo en ese día sentimos paz en nuestros corazones y una alegría inexplicable. Fue tan refrescante, como si la suciedad en mis ojos hubiese sido lavada y finalmente pude ver a Dios y seguirlo como lo había hecho mi madre.

El pastor de la iglesia nos enseñó acerca de Cristo y la vida cristiana. Nuestra fe creció muy rápido, porque nos preparamos toda nuestra vida para este momento. Después de dos semanas, mis hijas mayores tuvieron que volver con las familias chinas a las que habíansido vendidas. Estaban más seguras allí, pero nos prometimosmutuamente a estar encontacto.

¡Hananim, Hananim! ¡Señor, Señor! ¡Por favor, ayúdanos!»

Pero pronto nuestras vidas cambiaron de la esperanza a la desesperación. Yo, mi esposo, nuestra hija menor y nuestro hijo fuimos descubiertos por agentes secretos chinos y arrestados. El gobierno chino trabaja con Corea del Norte para encontrar ilegales, desertores yenviarlos de vuelta. Nos trasladaron de prisión en prisión hasta quefinalmente nos enviaron a una prisión en Corea del Norte.

Mi hija y yo fuimos puestas en el lado femenino y mi esposo e hijo, que era solo un adolescente, en una celda con hombres. A todos nos llamaron para interrogarnos e interrogarnos. Cuando no habia interrogatorio, teníamos que arrodillarnos en nuestras celdas de 5 a.m. a 12 p.m. y no hablar.

Mi esposo confesó a los guardias que se había convertido en cristiano; más tarde dijo que no tenía otra opción que decir la verdad, ya que habían amenazado con matarnos a todos. Después de su confesión, los cuatro fuimos encerrados en confinamiento solitario. Una pequeña jaula. No recibimos comida ni agua y no pudimos dormir.

Los presos en régimen de aislamiento fueron brutalmente golpeados. Nadie se atrevió a resistir, porque la tortura solo empeoraba. Mi esposo era diferente. Cuanto más lo torturaban,más defendía su fe. Élles gritó: «Si creer en Dios es un pecado, prefiero ¡morir! ¡mátenme de una vez! ¡Es mi misiónvivir de acuerdo ala voluntad de Dios!»

Me golpearon delante de mi hija. Todo lo quemi hija podía hacer era llorar en silencio, lo que hacía día y noche. Todo el tiempo en prisión oramos. Un día,toda nuestra familia fue llamada para afuera de nuestras celdas. Mientras mi hija y yo caminábamos hacia la oficina donde nos enterábamos de nuestro destino, oramos en silencio. Oré para que Dioscambiara esta prisión en una iglesia.

Cuando llegamos a la oficina, también había dos prisioneros varones. A uno lo reconocí como mi hijo, pero no reconocí a mi esposo y él no me reconoció.
Así de horrendos nos veíamos de toda la tortura. Sus costillas y clavícula estaban rotas, por lo que ni siquiera podía mantenerse erguido. En nuestras mentes todos oramos desesperadamente por un milagro. No queríamos sufrir y morir en un campo de trabajo.

En nuestras mentestodos oramos desesperadamentepor unmilagro

Dios contestó nuestra oración. El diputado nos dio una amnistía especial, no estamos seguros de por qué. Sólo podríahaber sido la gracia de Dios. Cuando salimos de la prisión esa noche y finalmente fuimos libres y estuvimos solos, cantamos en silencio un himno.

Eventualmente, pude escapar una vez más y ahora vivo en Corea del Sur y sirvo a Dios aquí. En Corea del Norte, mi madre sólo me enseñó una oración. Aún oro todos los días por mi país. «¡Hananim, Hananim! ¡Señor, Señor, por favor ayúdanos!»

Peticiones de Oración

  • Ora en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténte alerta y persevera en oración.
  • Ora por todos los cristianos de Corea del Norte.
  • Ora por todo el pueblo del Señor, que está atravesando momentos difíciles debido a su fe en Jesús.

Ahora puedes descargar elPhotobookCorea del Norte Ilustrada y ser edificado por historias reales de personas que fueron probadas en su fe, estos hermanos enfrentaron situaciones difíciles por el simple hecho de seguir a Jesús pero alcanzaron victoria por la gracia de Dios.Descarga tu Photobooky sé fortalecido en Cristo!

Así como Hannah hay otros cristianos que necesitan tu ayuda. Puedes orar y ayudar en proyectos de casas seguras, que protegen a los refugiados que huyen de Corea del Norte, proveen alimento, material cristiano. Dona ahora! y sé parte de esta misión.

La Redacción Puertas Abiertas América Latina es el equipo editorial con más de 7 años de trayectoria en la cobertura de la persecución a los cristianos en el mundo. Publica noticias basadas en relatos directos de corresponsales y cristianos locales en más de 70 países. Nuestro proceso editorial se basa en la verificación, contextualización y evaluación de riesgos. La identidad de las fuentes se preserva cuando existe riesgo para su seguridad, sin comprometer la veracidade de los hechos.