La fuga milagrosa de un cristiano marcado para morir
Publicado el 16 Oct 2025

La actividad del grupo extremista Boko Haram en África Subsahariana ha dejado profundas marcas en la iglesia local. La historia de Adam, un cristiano que fue secuestrado dos veces por los extremistas, es un ejemplo de persecución, pero también de la provisión de Dios.
Adam y su familia asistían a la iglesia, se reunían para orar y compartían el evangelio. Gracias a su testimonio, muchas personas decidieron seguir a Jesús. En 2022, cuando Boko Haram comenzó a actuar en la región donde vivía Adam, fue secuestrado por primera vez. Después de 45 días en cautiverio, Adam fue liberado, pero la persecución no terminó.
En 2024, la casa donde Adam vivía con su familia fue atacada por los yihadistas. Mientras su hermano menor fue asesinado, Adam y su hermano mayor fueron secuestrados junto con otros hombres. “También se llevaron al esposo de una vecina y le dispararon en el momento. Solo quedamos ocho de nosotros”, recuerda Adam.
Los sobrevivientes fueron llevados al bosque donde se encontraba el campamento de Boko Haram. “Estábamos aterrorizados, esperando que nos mataran, pero nos dijeron que siguiéramos adelante.” Los rehenes permanecían sentados y atados, comían un poco de targai (papilla de maíz) y eran vigilados por un soldado de Boko Haram.
Adam y los demás cristianos fueron obligados a orar y adorar en silencio. “Nos preguntaron: ‘¿Por qué todavía no se han convertido al islam, si están en territorio musulmán? Si fueran musulmanes, no serían torturados’”, relata Adam.
El poder de la oración
“A veces, desataban a alguien y lo mandaban a cavar un hoyo; luego ponían a esa persona dentro y le disparaban.” Para marcar a los próximos a ser asesinados, los extremistas daban ropa roja a los rehenes. Sin embargo, Adam se negó a ponerse la ropa porque creía que no moriría en manos de los extremistas.
Una noche, mientras los cristianos oraban y ayunaban, ocurrió un milagro: los yihadistas dejaron la puerta abierta. “Salí y los vi dormidos. Incluso los toqué, pero dormían profundamente. Les dije a mis hermanos que podíamos irnos. El Señor hizo el milagro, y estábamos libres”, cuenta Adam.
Después de caminar varios días, Adam y los otros cristianos llegaron a su aldea. Aunque había escapado, todavía se sentía atrapado emocionalmente. “Incluso cuando estaba en casa, si dormía, soñaba que venían a secuestrarme. Era difícil dormir bien. A veces me asustaba, como si estuviera condenado a morir.”
La situación de Adam es similar a la de miles de hombres cristianos que han sobrevivido a ataques de extremistas islámicos en África Subsahariana. En situaciones de desplazamiento, la ayuda debe ser inmediata para asegurar alimentación y refugio seguro. Los cuidados postraumáticos permiten que los cristianos perseguidos encuentren sanidad y esperanza para un futuro mejor.
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