Cristianas secuestradas necesitan sanidad en Nigeria
Publicado el 20 Dic 2024

El secuestro es un arma utilizada para perseguir cristianos en todo el mundo. Según datos de la Lista Mundial de la Persecución 2024, 3,906 cristianos fueron secuestrados en el mundo por motivos religiosos, y el 84.5% de los casos ocurrieron en Nigeria. Sin embargo, esta táctica es ampliamente utilizada por grupos armados y extremistas islámicos en toda África Subsahariana.
Mientras los radicales asesinan a los hombres, las mujeres son llevadas repentinamente y retenidas contra su voluntad. En esos lugares, las cautivas son presionadas para renunciar a su fe en Jesús, recitar oraciones islámicas, memorizar el Corán, cocinar y servir a sus captores, y participar en ejecuciones. También son víctimas de agresiones físicas, psicológicas y sexuales, así como de matrimonios forzados.
Un testimonio de dolor y fe
Esther (seudónimo) recuerda el cuerpo de su padre en el suelo cuando Boko Haram atacó su aldea en Gwoza, en el estado de Borno, Nigeria. Ella era adolescente y permaneció tres años como rehén hasta ser liberada por militares nigerianos.
Cuando Esther y otras mujeres fueron secuestradas, las colocaron en fila y las dividieron entre los hombres para ser sus esposas. Las que se negaban eran vendidas como esclavas. “No quería casarme y pensé que sería mejor ser esclava. Me llevaron a la casa de uno de los líderes del grupo para trabajar para él, sus cuatro esposas y sus hijos. Lavaba ropa, platos, cocinaba, hacía de todo”, relata Esther.
Debido a los celos de las esposas de su «dueño», Esther fue obligada a casarse con otro líder que ya tenía tres mujeres. Fue abusada sexualmente varias veces y llegó a cuestionar su fe debido al sufrimiento. “Cada día que pasaba me odiaba más y más. Sentía que Dios me había abandonado y estaba enojada con Él, pero no podía negarlo. Entonces recordaba sus promesas de nunca dejarme”.
Liberación física, pero no emocional
En 2015, el “esposo” de Esther decidió cambiar de grupo extremista y llevó a las cuatro mujeres a Camerún. Él murió en combate y todas escaparon juntas al bosque. Esther estaba embarazada de siete meses cuando fueron encontradas por oficiales del ejército.
La situación seguía siendo difícil, ya que las mujeres eran tratadas como cómplices de los terroristas y no como víctimas. Esther enfermó y fue enviada a un cuartel donde recibió ayuda de un médico cristiano y se reencontró con su familia.
Cuando regresó a su aldea, Esther y su hija Rebecca fueron rechazadas por la comunidad, pero encontraron apoyo en la iglesia local. La cristiana recibió atención postraumática de socios locales de Puertas Abiertas. Pasó un tiempo en el Centro Shalom e inició su proceso de cura emocional y espiritual. “Después de escuchar mi historia, no me despreciaron, sino que me animaron y me mostraron el amor de Dios para mí y mi hija. Gracias a ustedes, sé que la mano de Dios está en mi vida”, celebra.
Esther también agradece: “Si no hubiera participado, creo que tendría serios problemas de salud. No tengo palabras para agradecer. Quiero que todos sepan que las mujeres aquí necesitan consejería postraumática. Quienes tienen recursos pueden ayudar para que muchas otras mujeres sean ayudadas”.
Cristianas secuestradas, como Esther, necesitan sanidad física, emocional y espiritual. Este apoyo les permite reiniciar sus vidas y tener esperanza en un futuro lleno de oportunidades. Dona y permite que cristianas secuestradas reciban cuidados postraumáticos en Nigeria.
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